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jueves, 17 de octubre de 2013

EE.UU. pone fin a la época de los bombarderos pesados

El mando de la Fuerza Aérea estadounidense teme que el B-2 pueda convertirse en el último bombardero tripulado, cediendo este tipo de aparatos frente a la aparición de nuevas tecnologías y de aviones no tripulados más desarrollados.
 
Esta clase de aeronave apareció en la Fuerza Aérea estadounidense en la década de 1930 y desde entonces ha conformado la espina dorsal del poder aéreo de EE.UU.   

Pero las nuevas tecnologías (misiles inteligentes más eficaces y drones) amenazan con poner fin al uso de los bombarderos pesados, escribe Strategy Page, portal estadounidense especializado en temas militares. 

A día de hoy quedan menos de 200 de estos aviones en servicio en EE.UU. y sólo 20 ellos son del tipo más avanzado: el furtivo B-2. 

La Fuerza Aérea acarició durante varios años la idea de desarrollar un nuevo bombardero pesado, pero el mayor problema que ha afrontado es obtener la financiación suficiente para el ambicioso proyecto, puesto que el tiempo estimado para diseñar y desarrollar tal aeronave ronda los 15 años y el coste de un aparato puede llegar a los 550 millones de dólares (a los precios actuales). 
B-52

En efecto, un nuevo bombardero estratégico sería una versión mucho más grande del cazabombardero furtivo F-35 y sería capaz de llevar entre 6 y 10  toneladas de bombas 'inteligentes' a más de 9.000 kilómetros de distancia sin repostar en vuelo. 

Pocos en el Congreso creen que la Fuerza Aérea pueda sacar el proyecto adelante e incluso si se le permite intentarlo, el desarrollo de la aeronave tardaría más tiempo de lo previsto y cada aparato pasaría acostar un mínimo de cerca de mil millones de dólares. 

A esto se suman el ajuste del presupuesto de la Fuerza Aérea y los enormes costes de los mil nuevos F-35 que deberían reemplazar a los actuales cazas F-16 y F-15. También existe presión para lanzar el proyecto de nuevos drones furtivos.   

En resumidas cuentas, el futuro de la nueva generación de bombarderos estratégicos tripulados es incierto. Independientemente de los deseos del mando aeronáutico estadounidense, tendrá que afrontar los problemas más inmediatos, como el de la finalización de los drones estratégicos y los exorbitantes precios de los nuevos F-35

Mientras tanto, la Fuerza Aérea sigue actualizando la pequeña flota de los B- 2. En los últimos años, ello incluye la instalación de nuevos bastidores de bombas que permiten a cada B-2 portar 80 bombas inteligentes de 227 kilogramos de peso. Además, los modernizados B-2 también incorporan nuevos radares AESA, capaces de seguir y fijar la mira en varios objetivos al mismo tiempo. 

Los B-2 también fueron equipados con un sistema más potente de comunicación vía satélite, herramienta que le proporciona la capacidad de compartir más rápidamente los datos de AESA o de cámara con otra aeronave (incluyendo vehículos aéreos no tripulados). Sus 80 bombas inteligentes JDAM convierten al B-2 en una 'flota de bombarderos' que puede destruir 80 objetivos distintos. 

Sin embargo, el B2 es una aeronave sumamente compleja que se utilizó por primera vez en los bombardeos de Yugoslavia, en 1999, cuando, además, una de ellas fue derribada por un viejo misil de producción soviética. Era difícil mantenerlo operativo porque su cubertura antiradar requiere un constante y costoso mantenimiento. Por cada hora que el B-2 está en el aire, se requieren 53 personas por hora de mantenimiento. 

La Fuerza Aérea suele tener el 60% de sus aviones en estado operativo y listos para el combate, pero en el caso de los B-2 este índice se reduce al 33%. Con el tiempo esta situación ha mejorado, pero los el B- 2 aún requieren más mantenimiento que otros bombarderos pesados, como el B- 52 o el B-1B. 

Los pesados (181 toneladas) B-2 fueron desarrollados en la década de 1980 y entraron en servicio en 1992, siendo una combinación de una tecnología radicalmente nueva y no probada, muy difícil de perfeccionar y extremadamente cara. 

Más de 25.000 millones de dólares se gastaron antes de que el B-2 alzara su primer vuelo y los costes proyectados de 132 aviones eran de 70.000 millones. Sólo 20 aeronaves se construyeron hasta 1996, a un precio de 2.000 millones cada una. Esto significa que tres B-2 cuestan más que un portaviones nuclear o media docena de drones pesados Peacekeeper, junto con sus refugios bien protegidos. 
B1-B en vuelo

Como resultado, la Fuerza Aérea trata al B-2 más bien como a un buque de guerra, que rápidamente puede ser enviado a cualquier parte del planeta con sus 80 bombas de precisión. Esta capacidad sin precedentes en realidad no se ha utilizado todavía. Hasta ahora, ha sido más barato enviar a B-52 o B-1 para lanzar estas bombas. 

Y parece que ningún nuevo bombardero estratégico será capaz de competir con los modernos aviones no tripulados, dado su dinámico desarrollo, adopción y relativamente bajo coste.
 

Cazas Su-35S reforzarán la Fuerza Aérea rusa mientras se aguarda a los T-50

Rusia está considerando la compra adicional de cazas Su-35S para asegurar la capacidad de combate de su Fuerza Aérea hasta que empiecen a entrar en servicio las cazas rusos de quinta generación T-50, en 2015-2016.
 

La empresa fabricante Sukhoi ya se ha comprometido a suministrar 48 aviones Su-35S a la Fuerza Aérea para 2015. Actualmente tienen producidos, según varios datos, entre 10 y 12 aparatos, y los planes para este año también suponen la construcción de otros 12.

El próximo año se producirán otros 12; y en 2015, 15. Según el portal ruso Topwar, es posible la firma de otro contrato para el suministro de 48 cazas S-35S. 

Sukhoi considera el Su-35 modernizado un caza de generación 4++, pero por sus propiedades de poca detección (gracias a sus materiales absorbentes de ondas de radio) puede considerarse de quinta generación.  

El potencial técnico del Su-35 supera al de otros aviones de caza de cuarta generación como el francés Rafale; los estadounidenses F-15 Eagle, F-16 Fighting Falcon, F/A-18E/F Super Hornet y F-35 Lightning II (quinta generación); además del Typhoon, del consorcio europeo Eurofighter. 

La velocidad máxima a nivel de tierra es de 1.400 kilómetros por hora y en altitud, de 2.400 kilómetros por hora. La altura máxima que puede alcanzar es de 18.000 metros. 

La capacidad de detectar objetos en modo aire-aire es de más de 400 kilómetros, mientras que el sistema de su radar puede detectar y seguir múltiples blancos a distancias superiores a 80 kilómetros. A finales de esta década la Fuerza Aérea podría contar con 96 cazas de este tipo y 76 cazas de varias modificaciones del Su-30, además de aviones más obsoletos. 


Mientras, la industria de la aviación todavía debe desarrollar la fabricación en serie del supercaza T-50. Es una aeronave militar que puede cumplir las tareas de caza, avión de ataque a tierra o bombardero. Es invisible para los radares del enemigo, su velocidad máxima es de 2.500 kilómetros por hora y está dotado con una avanzada inteligencia artificial.   
 
Las características de alta invisibilidad de los prototipos del T-50 prácticamente coinciden con las de los cazas de quinta generación estadounidenses F-22 y F-35, de acuerdo con un informe australiano que también indica que el diseño de la aeronave rusa ofrece buenas posibilidades de desarrollo.